Estos molinos son de origen romano y están movidos por la fuerza de una caballería (generalmente). Uno de los sistemas que se utilizaban para aprovechar la fuerza animal consistía en atar a la caballería a un eje horizontal (alfange), que atravesaba (por un agujero) una enorme piedra cilíndrica (rollo), en el que en el otro extremo estaba unido a un eje vertical que giraba. La caballería se movía de forma circular, lo que hacía que el rollo rodara sobre una piedra plana (solera) donde se ponían los objetos a moler. Estos molinos fueron construidos donde no era posible utilizar como fuerza motriz el agua o el viento.

Hay otro molino de sangre, mucho más antiguo que proviene del paleolítico, pero de rendimientos mucho menores, son los molinos de mano o de rabil, que se utilizaban para la molienda de tubérculos, y que con la llegada de la agricultura fueron utilizados para la molienda del grano del cereal, siendo una variante de estos los que se encuentran en Busloñe y Carbayosa.




